En la pedagogía de San Juan Bosco, el patio nunca fue un simple espacio físico para el esparcimiento, sino un verdadero pilar de su sistema preventivo. Para Don Bosco, el recreo era el lugar donde los jóvenes mostraban su rostro más auténtico, liberaban su energía y, sobre todo, convivían. No era un tiempo muerto entre clase y clase, sino una escuela de vida a cielo abierto donde los educadores no vigilaban con frialdad, sino que compartían juegos, risas, confidencias y valores desde la cercanía.
Esta misma esencia resuena hoy en las vivencias de nuestro alumnado de Primaria . Cuando los niños y niñas comparten la jornada en el parque, ese espacio verde y abierto se transforma en su particular «patio salesiano». Entré carreras, columpios y juegos compartidos, aprenden a escucharse, a resolver pequeños conflictos, a integrar al compañero y a tejer lazos de amistad genuina. Al igual que en el oratorio de Don Bosco, la convivencia en el parque les enseña que educar el corazón pasa por la alegría compartida y el encuentro libre con el otro.
Como broche final a este día tan especial, hemos querido dar un sentido profundo a todo lo vivido. Al concluir la jornada, cada grupo ha ofrecido a María Auxiliadora los objetivos y metas que se han propuesto para sus clases. Nos miramos en el espejo de Don Bosco, quien desde los inicios de su misión se puso enteramente en manos de la Virgen, confiándole cada paso para que Ella hiciera posible la gran obra salesiana. Con ese mismo espíritu de confianza, dejamos en sus manos el camino de nuestro alumnado para este nuevo curso.


